viernes, 22 de noviembre de 2013

CRÓNICA DE LA 33ª MARATÓN DE VALENCIA

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CRÓNICA DE LA 33ª MARATÓN DE VALENCIA
(Por Rafael Gallego)

          Resulta difícil resumir en pocas líneas lo que un corredor siente tan sólo unas horas después de finalizar una maratón y haber conseguido sus objetivos previstos, puesto que las ideas y los sentimientos se agolpan de repente.

         La preparación de este maratón ya era especial desde el principio, porque para seguir la típica tabla de 12 semanas había que empezar en agosto, fechas en las que normalmente se está aún de vacaciones y aprieta el calor. En mi caso, siendo consciente de que perdería la primera semana de septiembre por un viaje y que hasta la segunda semana no podría comenzar en serio, traté de no perder del todo la forma haciendo entrenamientos en agosto en tierras zamoranas, donde el calor no era sofocante del todo. A partir del 10 de septiembre empecé la preparación en serio con 10 semanas por delante. Recuerdo los primeros días de entrenamiento cómo veía con envidia sana que fondistas con aptitudes similares a la mía me dejaban fácilmente atrás, lo cual, lejos de menguar mi moral, me sirvió de aliciente.

Mi primera carrera como toma de contacto fue en Torrijos, donde ya pude comprobar la mejoría de dos semanas seguidas de entrenamiento corriendo los 10 kms. por debajo de 39 minutos. Apenas dos semanas después, la media de Alcázar me dio un impulso moral, al superar mi marca personal de la prueba y llegar a meta en 1.24. Como no podía ser de otra manera, Miguel Angel Bonilla me llevó en volandas durante gran parte de la carrera.

Las semanas siguientes alterné entrenamientos en solitario, carreras con el grupo del Tole Tole que iba a ir a Valencia, muchos entrenamientos con los fondistas, y sobre todo series con Jesús Flores, a quien veía mejorar su estado de forma ostensiblemente con el paso de los días.

         El tiempo acompañó toda la preparación del maratón porque apenas puedo recordar un único día complicado por el agua, pero ni sufrimos calor (salvo los días de agosto, lógicamente) ni frío fuera de lo normal para estas fechas. En cambio, los pronósticos climatológicos para la carrera no eran buenos la semana previa. El mismo viernes no había hombre del tiempo ni página de Internet que dejara abierta una posibilidad de buen tiempo para el domingo 17 de noviembre, lo cual me cayó como un jarro de agua fría.

         Así las cosas, el sábado 16 emprendimos viaje a Valencia en autobús un grupo de fondistas (corredores inscritos para Valencia, familiares y algunos fondistas acompañantes, como Yayo y Álvaro, José Ignacio y Carolina, y Mariano y su mujer) junto a otro grupo de atletas toledanos. Desde el autobús recibíamos mensajes poco alentadores en lo que al tiempo se refiere de quienes iban por delante en el viaje, que ya habían encontrado incluso nieve en el camino.

         Llegamos a medio día a Valencia con la grata sorpresa de que el tiempo no era tan malo del todo. Después de dejar el equipaje en el hotel fuimos a la Ciudad de las Ciencias a recoger el dorsal y la bolsa del corredor y de paso a ver in situ los primeros y los últimos metros de la carrera del día siguiente.

         Después de meternos hidratos al cuerpo aprovechamos la tarde para visitar la ciudad, con una temperatura fresca y húmeda, pero sin lluvia, y mirando al cielo constantemente para ver qué nos deparaba el día siguiente.

         A la mañana siguiente nos despertamos aún de noche, y después del desayuno nos reunimos Jesús Flores, Jorge y yo, con nuestros familiares acompañantes, para ir juntos a la línea de salida. Para nuestra sorpresa el día amanecía fresco, dentro de lo normal, pero despejado y sin visos de tormenta ni nubes. A medida que iba aclarando el día el sol se iba apropiando del cielo, y como si fuera un reto a los hombres del tiempo que habían previsto lluvia en una probabilidad casi del 100 por 100, la mañana adquiría el matiz ideal para la carrera, con una temperatura fresca, pero llevadera, y en aumento a medida que avanzaban las horas, como así ocurrió finalmente.

         Después de los protocolos oportunos y de las fotos de rigor nos dirigimos a nuestros correspondientes cajones de salida. Para mi infortunio comprobé desesperadamente que mi reloj no funcionaba, con lo que me quedaba a expensas del crono de Jesús Flores, con quien había pactado compartir la mayor parte de la carrera posible. 

         La carrera comenzó a las 9 y a partir de ahí cada uno luchó por conseguir sus propios objetivos personales. Jesús olvidó poner en marcha su crono en la salida, y pasado el km 3 se dio cuenta ya tarde sin poder hacer nada para remediarlo. A partir de ahí fuimos conscientes de que la carrera era distinta de lo previsto y nos obligaría a hacer cálculos de otra manera para controlar esfuerzos y dosificar energías.

         Poco a poco fuimos dejando atrás kilómetros. Yo sabía en qué puntos más o menos estarían esperándonos los fondistas y nuestras familias, por lo que encontré en ese dato una motivación extra para soportar la dureza de la prueba y del ritmo que habíamos impuesto casi sin darnos cuenta Jesús y yo.

A la altura del km. 6 y como consecuencia de un giro de 180 grados del circuito de la carrera, vimos pasar cerca de nosotros pero en sentido contrario a un grupo de unos 15 africanos, a los que no volvimos a ver más que en las crónicas finales del evento. Previamente ya habíamos recibido los típicos ánimos del público del estilo de “ánimo, que ya os queda poco”, o “vamos chavales, a ver si levantamos España”, lo que nos provocó alguna que otra sonrisa y comentario.

En el km. 7 vimos por primera vez con emoción a los fondistas (José Ramírez, Alvaro y Yayo, José Ignacio y Carolina, y Mariano). Volvimos a verlos en el km. 11. En el km. 17 nos esperaban nuestras mujeres y mi hija, con el lógico subidón de moral. En el km. 18 volvimos a ver por tercera vez a los fondistas, que con gestos claros nos decían que íbamos bien de tiempo y ritmo.

         Con la inseguridad de saber qué tiempo íbamos marcando atravesamos el punto del medio maratón. Unos metros antes de pasar por ese punto yo había visto reloj urbano que marcaba las 10.27 horas, lo que me llevó a pensar que estaríamos pasando con un tiempo aproximado de 1.27. La realidad no distaba mucho porque según los datos oficiales pasamos en 1:26:31, a una media de 4:06.

         A partir de ahí empezaba lo duro, el maratón de verdad. Poco a poco la carrera iba pasando factura a algunos corredores, que se apartaban a un lado del asfalto.

         Pasamos de nuevo por delante de nuestras mujeres en el km. 24 y un km. más adelante vimos por cuarta vez a los fondistas.

         En el km. 26 abandoné la compañía de Jesús en la carrera, al verme justo de fuerzas para seguir su ritmo, y decidí dosificar porque quedaba lo más duro de todo. A partir de ahí la carrera picaba ligeramente hacia arriba, hasta el km. 34. Además, empecé a notar síntomas de deshidratación y a echar en falta líquido, en algunos momentos incluso con desesperación. El paso por el km. 30 veía que se hacía de rogar. En el avituallamiento de ese km. me paré unos segundos para poder ingerir agua cómodamente y evitar el flato que había sufrido ligeramente hasta entonces después de cada avituallamiento. Emprendí la carrera y continué subiendo hasta el km. 35, sin saber ni el tiempo ni el ritmo que llevaba en ese momento. En un comentario entre dos corredores entendí que iban a ritmo para hacer un tiempo de 3:05, lo que me hizo pensar por momentos que ya había echado a perder mi renta de la primera media y que se había esfumado mi objetivo de bajar de las tres horas.

         En el avituallamiento del km. 35 volví a repostar agua casi parado. Me hice con una botella que poco a poco me ayudó en carrera a superar el problema de deshidratación. Además, la carrera se invertía y levemente comenzaba a picar hacia abajo, sin que se apreciara tanto el desnivel como cuando picaba hacia arriba.

         A medida que se aproximaban el final había más gente animando. En el km. 39,200 había un speaker dando ánimos bajo un arco de carrera y sus voces hicieron que me fijara en un reloj que marcaba un tiempo que 2:44 min. En ese instante hice mis cálculos y me di cuenta que tenía al alcance de mi mano uno de mis objetivos de la carrera, que era bajar de las tres horas, recuperando una ilusión perdida unos kms. antes.

         Los tres últimos kms. los hice sabiendo que simplemente con un ritmo de 5 min/km entraría antes de las 3 horas. Me relajé, no me importó perder algunos puestos más, aunque tampoco iba sobrado de fuerzas para defender la posición, y con ese espíritu afronté el final de la carrera. Por el km. 40 vi por quinta vez a los fondistas. Me fijé en José Ignacio y José Ramírez que me transmitían que lo tenía al alcance de la mano, conocedores ambos de mi objetivo personal. Por última vez pasó fugazmente por mi cabeza la idea de abandonar, porque había corredores que abandonaban a esas alturas de la carrera, pero en ese momento la decisión era clarísima: por muy justo de fuerzas que estuviera no podía dejar de vivir esos metros finales en los que se corría sobre el agua en la Ciudad de las Ciencias de Valencia.

         Pasado el km. 41 había un pequeño desnivel hacia el recinto mismo de la Ciudad de las Ciencias, a partir del cual ya se corría empujado por la gente y con el ánimo de los familiares que allí nos esperaban aunque era imposible identificarlos entre tantas personas como había. En los metros finales los corredores pasábamos por una alfombra azul y después de un doble recodo afrontábamos unos últimos metros preciosos, indescriptibles, inolvidables, y con un sol radiante. Cerca de la meta me permití incluso relajarme un poco para abrir un espacio suficiente con los corredores que me precedían y poder saborear mejor el paso por la línea de meta.

         No es fácil describir el momento del paso por el arco de meta y divisar un tiempo de 2:57 soñado y anhelado durante tantas horas de entrenamiento. Acababa de terminar mi segundo maratón pero esta vez estaba escribiendo una página preciosa en mi vida personal, en mi incesante lucha por fijarme metas y luchar por superarlas. Estaba cumpliendo mi sueño de correr un maratón en menos de tres horas y superar esa barrera psicológica. Los dolores eran intensos, pero la satisfacción personal era mayor. Había cubierto mi objetivo finalizando la carrera en unas condiciones normales de salud.

         He de manifestar mi más sincero agradecimiento a todos los que me habéis acompañado en los entrenamientos y en las carreras de preparación de este maratón, a quienes me habéis dado consejos en estos últimos meses y semanas y aquéllos que me habéis ayudado a superar mis momentos bajos.

         Aparte, por supuesto, de mi mujer y mis hijos, que me han soportado estos últimos meses y que me acompañaron el día de la carrera, me merecen un reconocimiento especial los fondistas toledanos que estuvieron el fin de semana en Valencia con nosotros, unos corriendo (como Jesús Bermúdez, Jorge Colomar y su mujer, Jesús el argelino, Miguel Ángel Suárez, Pepe), y otros dándonos ánimos desde distintos puntos de la carrera (José Ignacio haciendo de reportero y logrando unas fotos preciosas, aparte de estar al tanto de todo y dando consejos muy prácticos, y los demás fondistas que ya he mencionado dándonos voces de ánimo al vernos pasar cerca de ellos); José Ramírez, que hizo de anfitrión ideal en Valencia y de quien me acordé mucho ese día porque, si se hubiera planteado disputarla con nosotros, estoy seguro que hubiera compartido conmigo muchos kms. de la carrera; Jesús Flores, con quien compartí entrenamientos y series duras así como una gran parte de este maratón, hasta que la carrera nos puso a cada uno en nuestro sitio; además, fue al primero que vi después de llegar a meta fundiéndonos en un entrañable abrazo.

9 comentarios:

  1. ¡Si corrieras tan bien como escribes podrías bajar de 2'45" en el siguiente maratón!.
    Se ve que ya estás relajado para escribir, muy buena crónica, si señor.
    Y ha sido todo un placer copartir en vivo esa experiencia en Valencia con los que sufristeis esos 42,km195m
    Enhorabuena a todos,¡¡¡ tenemos unos campeones en esta asociación!!!

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  2. Enhorabuena Rafita, me alegro mucho por tu gesta, seguramente que sera la primera entre muchas, así también que enhorabuena a Jesús Flores y compañía.

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  3. Enhorabuena a todos los que corristeis en Valencia, habéis realizado una maratón SENSACIONAL, ESPECTACULAR. Mención especial para Rafa y Flores, que lo han bordado con esos pedazos de tiempos, haber quien es ahora el guapo que mejora sus marcas. Ahora toca recuperarse bien para volver otra vez a dar guerra.
    José el Valenciano

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  4. Una crónica preciosa, Rafa¡¡¡¡ Y mi enhorabuena a todos¡¡¡

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  5. ole con ole, las buenas crónicas, las buenas sensaciones y el disfrutar corriendo y disfrutar con los compañeros

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  6. Buenos entrenamientos....buena carrera.....buena comida.....y por supuesto BUENA CRONICA!!!
    Enhorabuena a tod@s, Valencia hay que repetirla!!!
    Ahhhhh....y gracias al equipo de fondistas "Animadores", sin ellos esto no hubiera sido lo mismo.........

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  7. Gracias a todos. Al escribir este tipo de crónicas lo que trato es de compartir con todos vosotros mi experiencia y mis emociones, porque nadie mejor que vosotros para entenderlo en su esencia.
    Por otro lado, me adhiero a Jorge en su agradecimiento a los fondistas "animadores", porque gracias a su calor, a su presencia y a sus ánimos pudimos hacer ese esfuerzo último que se nos exigía y llegar a meta. Fue un aliciente fundamental ese día, creedme.
    Igual habrá que pensar en repetir Valencia el año que viene, por qué no!

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  8. Enhorabuena a todos los que fuisteis a Valencia tanto a los que corrieron como a los acompañantes que animaron.

    Muy bien Sr. Gallego, Don Rafael. El día que aprendas a correr con cabeza bajas de 2:50.

    Felicidades Rafa por tu éxito en el Maratón y en tu crónica.

    Antonio Marqués del Pozo

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